Ahora lo vi todo
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21 Hijos cuyas madres los hacen vivir en un show de comedia constante

La maternidad suele transcurrir entre regaños, consejos y apapachos. Pero también podemos encontrar momentos donde las mamás hacen reír tanto a sus pequeños, que estos cuando crecen recuerdan tales situaciones.

En Ahora lo vi todo creemos que durante el crecimiento de los niños, no todo es castigo, por eso recopilamos historias de instantes hilarantes con la señora de la casa.

  • Cuando mi mamá recién usaba Facebook, no sabía cómo enviarme mensajes y todo me lo publicaba en mi perfil. Todo el mundo se enteraba de todo lo que mi mamá me decía y me daba mucha pena algunas cosas, ¡ja, ja, ja! Las trataba de borrar superrápido hasta que ya le enseñé a mandar mensajes. © Valeria Uribe / Facebook
  • Cuando mi hermana tenía 13 años y yo, 15, mi mamá nos daba permiso de ir al boliche a escondidas de papá. Cuando volvíamos a las 7:00 u 8:00 de la mañana, encontrábamos que nos había dejado la comida fría arriba de la mesa y fingía estar dormida mientras nosotras comíamos estofado frío. Te amo, ma, eres lo máximo. © Antonella Barreto / Facebook
  • Mi mamá les decía que sí a los muchachos que me invitaban al baile del pueblo sin que yo supiera nada. Cuando llegaba a casa de vacaciones, me decía: “¡El sábado vas a ir al baile con fulano de tal, te vino a invitar, me pidió permiso y le dije que sí vas a ir!”. Obvio nunca salí, le decía que si ella había decidido por mí, que fuera ella. © Mybeth Ríos / Facebook
  • Cuando mi madre hacía jardinería, siempre les hablaba a las plantas. Yo le preguntaba por qué hacía eso. Me decía: “Para que se pongan bonitas”. Yo le respondí: “A mí nunca me hablaste así, por eso soy tan feo”. © John Josue Colleyo / Facebook
  • Cuando tenía 15 años, un chico me escribió una carta y yo la escondí en el forro de un cuaderno para que nadie la viera. Un día, cuando estábamos en un cumpleaños, mi mamá me preguntó si el chico con el que estaba bailando era el que me había escrito la carta. Me quedé sorprendida, nunca supe cómo lo había adivinado. © Susana Malagoli / Facebook
  • Tengo 35 años, y mis hermanos, 32 y 22. Mamá aún nos compra ropa interior por media docena en junio y diciembre (yo casi no sé lo que es comprar ropa interior). En diciembre, nos compra ropa para el 24 y el 31 a los 3. Así insistamos en que no. No podemos decir “la casa de mi mamá” porque enseguida se siente un grito desde la cocina diciendo que esa siempre va a ser nuestra casa. Cada vez que vamos a visitarla, nos hace nuestras comidas favoritas, así le cocine cosas diferentes a los tres. Nos metemos en su cama a escuchar sus historias que nos ha contado una y otra vez. © Jacky Pérez / Facebook
  • Si sonaba el teléfono y era para mí, se hacía pasar por mí. Obviamente, me enteraba cuando mis compañeros me decían. Yo creo que quería saber lo que hacía. Hasta la fecha, nunca le he dicho nada. © Nalleli Suarez / Facebook
  • Amo a mi mamá. Era de las que llamaba por teléfono a las discotecas donde yo estaba, o a los teléfonos de las casas donde hacían fiestas de alguna amistad o conocidos de amigos. No sé cómo se las arreglaba, pero era un directorio telefónico. ¡Qué pena! Aunque se lo agradeceré siempre. Gracias a eso, crecí con sus buenos valores inculcados. Aún hoy por hoy, no sé cómo obtenía los números. © Olivia Alayo Terry / Facebook
  • Mi mamá, cada vez que llega de algún viaje, apenas entra a la casa, se da cuenta de si se rompió un vaso, un plato, si falta algo. Tiene un radar para darse cuenta de todo. © Vanesa Mallea / Facebook
  • Realmente no era consciente de que era algo raro hasta que un día me cuestionaron por eso. Resulta que, antes de dormir, me gusta jalarle los dedos de los pies a mi pareja, así que hice memoria y recordé que, cuando era niña, antes de dormir, mi mamá me jalaba los dedos de los pies y me daba mi besito con su bendición, era su ritual para dormir con los angelitos. © Zafiro Antúnez / Facebook
  • Mi abuela llegó de la calle y yo siempre estaba sentada en el comedor viendo tele.
    Mi abuela: “¿Cómo está Jacinto?”.
    Yo: “¿Qué? ¿Quién?”.
    Ella: “Sí, ¿cuándo va a venir Jacinto?”.
    Yo: “¿De qué Jacinto me hablas?”
    Ella: “El muchacho con el que sales”.
    Yo: “Es Benjamín, Magüela, Benja”.
    Ella se rio, agarró, y despacito, porque apenas sabía escribir, escribió “BENJA” en un papel y lo guardó. En ese tiempo, su memoria ya fallaba y ella hacía que pareciera gracioso porque se reía de ella misma. Ya le había cambiado el nombre, así que de cariño, cuando me acuerdo, le digo “Jacinto”. © Noelia Ortega / Facebook
  • Mi madre organizaba almuerzos para “empatarme” con algún chico. Y nada. Nadie se atrevió a preguntarme: “¿Te casas conmigo?”. © Lizbeth Pesch / Facebook
  • Cuando llegaban a la casa mis amigos, que querían ser más que amigos, iban a pedir mi mano y ni novios éramos. Mi mamá les decía: “Pero no sabe ni cocinar”, y ellos respondían: “No importa, yo cocino”. Ella seguía: “Tampoco sabe lavar trastes”, y ellos decían: “Yo los lavo”, y seguía mi mamá echando para la plaza. Conclusión: nunca pude tener un amigo que no quisiera hacerme su esposa y mi mamá quemándome. © Narda Rose / Facebook
  • Mi mamita llegó de visita con un exnovio.
    Ella: “Mira con quién me encontré”.
    Mi marido ya la conocía o, si no, tremendo desastre. © Patricia Garrido / Facebook
  • Mi mamá habla con los animales como si de verdad fueran personas. A una gallina le dijo: “Si no cuidas los huevos para pollitos, te los voy a quitar y te haré en caldo, vas a ver”. ¡Oh, sorpresa! La gallina no volvió a dejar los huevos y si empolló varios pollitos. © Nicol Ramirez / Facebook
  • Mi madre guarda el pan en el carrito de la compra, las cartas en la panera, los bombones en el microondas, las sartenes en el horno y más cosas que no recuerdo, pero yo la adoro. © Rocio Abolafio Robles / Facebook

¿Cuál fue el momento más divertido que viviste de pequeño junto a tu madre?

Imagen de portada Narda Rose / Facebook
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