Ahora lo vi todo
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25 Historias de niños cuya desmesurada honestidad le agregó un poco de vergüenza a la vida

Un día somos chicos y al siguiente hemos crecido para convertirnos en adultos sin poder mirar atrás. En ocasiones pareciera que los niños lo saben, y que por eso aprovechan la vida al máximo, especialmente para dejar en claro su opinión sincera en cualquier oportunidad que se les presente.

En Ahora lo vi todo apreciamos la brutal honestidad que caracteriza a los humanos de corta edad y recopilamos una serie de relatos que sirven como prueba de que, si en algún momento necesitas la franca resolución de una duda, preguntarle a un niño tal vez sea la mejor opción.

  • Era el cumpleaños de mi hija de 5 años. Para mantenerla entretenida, le pedí que me ayudara a ordenar la casa porque vendría su abuelita (mi suegra). Todo el tiempo le decía que se apurara porque iba a llegar su abuela y teníamos un tiradero. Cuando la abuelita al fin llegó, corrió y le dijo: “Abuelita, estoy muuuy cansada. Estuvimos haciendo limpieza porque teníamos un tiradero enorme y como ibas a venir ordenamos tooodo”. © Blanca Leticia Rodriguez / Facebook
  • Era la primera vez que mi hijo me acompañaba a un funeral y, lógicamente, le expliqué que cuando yo me acercara a una persona diciéndole que lo sentía mucho, él debía imitarme y hacer lo mismo. Se lo repetí todo el camino y hasta se lo recordé al entrar. Llegó el momento y mi hijo dijo: “Feliz CUMPLEAÑOS”; luego me miró feliz y complacido de haberlo hecho bien. © Maria De Los Angeles Mereci Soria / Facebook
  • Salí con mis cuatro sobrinos y mi hija a pasear. Cuando me subí al autobús, una señora me preguntó: “¿Son todos suyos?”. Le dije que sí e inmediatamente mi hija respondió: “Y mi papá se llama Domingo”, a lo que siguió un coro de voces: “Y el mío Carlos, y el mío Gerardo, y el mío Gustavo”. Jaja, ¡la cara de la señora y de todos los que escucharon! © Ilsa Larios / Facebook
  • Mi hermano pequeño es mulato y no se crio con su padre biológico. Cuando era bebé (tenía 2 añitos), él no entendía por qué era más moreno que nosotros. Entonces le explicamos que su papá era de raza negra y por eso él tenía la piel más oscura. Un día, fuimos al mercado y había una pareja africana vendiendo zapatillas. Cuando me acerqué al puesto a comprar unas, él desde su sillita vio al hombre y le gritó: “¡¡¡PAPÁ!!!”. El vendedor se puso rojo como un tomate, yo más aún, y su mujer ante mi explicación casi se ahoga de la risa. ¡Yo quería que me tragara la tierra! © Natalia SN / Facebook
  • Mi papá solía decirle a mi sobrino, que tenía 5 años por ese entonces, que si no se portaba bien, nunca crecería tan alto como él deseaba. Un día, estábamos en el autobús y se subió un hombre con enanismo. Mi sobrino corrió hacia él y le preguntó con cara de lástima: “Señor, ¿usted no se portó bien, por eso no creció, verdad?”. Mi padre palideció y el señor le contestó al niño: “Sí, hijo, no obedecí a mis padres y me porté mal, por eso no crecí”. ¡La conducta de mi sobrino mejoró desde ese día! © Jacqueline Ochoa / Facebook
  • Un día, una compañera me invitó a una fiesta infantil. Mis hijos eran pequeños y me dio flojera salir el fin de semana. Al día siguiente, mi compañera me preguntó por qué no había ido. Le di una excusa tonta y entonces mi niña me desmintió delante de ella: “No es cierto, no quisiste ir. Dijiste que te daba flojera, ¡yo sí quería ir!”. © Ampelia García Prieto / Facebook
  • Estábamos en una reunión compartiendo la mesa con otra familia. Mi hijo, que por aquel entonces tenía 5 años, empezó a conversar con otro niño casi de la misma edad. En medio de la conversación de legos y dinosaurios, mi hijo dijo: “El tricerátops es muy gordo”, y el niño agregó: “Debe usar una faja, como mi mamá, para no verse tan gordo”. Jajaja, la pobre señora, que en ese momento tenía una pierna de pollo en la boca, se murió de vergüenza. © Katy Lazaro Vivas / Facebook
  • Mi hija tenía una presentación de ballet y tuve un inconveniente con la camisa que iba a llevar, por lo que tuve que pedirle una prestada a mi hermana. Cuando terminó la gala, nos guiaron a un salón donde había un brindis. Estábamos allí comiendo y se me derramó un poco de salsa en la camisa. En eso mi hija me dice delante de varios papás: “Mami, será mejor que esa mancha salga, porque la camisa es de mi tía, y es su favorita”. © Vane Rodríguez Caballero / Facebook
  • Una vez, mi vecina vino a mi casa a venderme productos por catálogo. Mi niña estaba allí conmigo y se quedó mirando a la señora, que por cierto traía un nuevo corte de cabello. Luego le dijo: “Espérame aquí”, y se fue corriendo a su cuarto; enseguida volvió con un tablero de El abecedario de Elmo y le dijo: “Mira, te pareces a este”, señalando al pájaro amarillo. No supe dónde meter la cabeza. Lo bueno es que ella lo tomó con humor. Luego yo pedí disculpas por mi hija. © Karina Reynoso / Facebook
  • Una vez, cuando mi hija tenía 5 años, entramos a una tienda de accesorios y una chica se estaba probando unas gafas de sol. La chica me miró y me dijo: “Le preguntaré a tu niña a ver cómo me quedan, los niños dicen siempre la verdad”. Entonces mi hija la miró y le respondió: “Te ves como un payaso”. © Melania Sosa / Facebook
  • En el kínder, los lunes se hace una ceremonia de saludo a la bandera, se canta el himno nacional y se dice el juramento. En el primer día de mi hijo, la maestra dijo: “Es hora del saludo a la bandera”. Mi niño levantó su manita y dijo: “Hola, bandera”. Lo abracé y me reí discretamente. © Diana C Jimenez / Facebook
  • Una vez, fuimos a una función de danza contemporánea en un teatro nada pequeño aquí en la Ciudad de México. Una de mis hermanas iba a bailar y nosotros estábamos sentados en medio del teatro. La función fue algo larga... En alguna parte de una pieza de baile, las luces y la música se apagaron. En eso se escucha la voz de mi hija de 4 años: “Ay, mamá, esto está taaaan aburrido”. Tuve que esforzarme mucho por aguantar la risa, pero mucha gente a mi alrededor no logró hacerlo. © Ana Mejía Estrello / Facebook
  • Sonaba el teléfono en casa (cuando todavía se usaban los teléfonos fijos) y mi hijo de 3-4 años fue a atender. Solo alcanzamos a oír que decía: “No, no puede venir a contestar porque está en el baño haciendo popó”, refiriéndose a mi marido. Era su jefe el que llamaba. © Ana Villaseñor Glez / Facebook
  • Caminaba con mis dos pequeños y la menor, de 3 años, gritó: “¡Mamá, mamá, una bruja!”. Era una señora mayor muy maquillada... Yo intentaba hacerla callar, pero la niña seguía gritando. Felizmente la señora solo se rio y le dijo “niña traviesa”. Traté de explicarle a mi nena la situación y le pedí disculpas a la señora. © Marisol JuBe / Facebook
  • Llevé a mi hija de 3 años al trabajo y la noté triste no bien llegamos. Le pregunté qué le pasaba y me dijo, delante de mis compañeros, que yo le había mentido porque le había dicho que trabajaba rodeado de payasos y que aquello no era el circo. © Adán CH / Facebook
  • Mi papá: —Cuando venga alguien y pregunte por mí, dile que estoy dormido, es que no quiero ver a nadie y tampoco quiero visitas.
    Mi hermano de 5 años: —Sí, papi, yo le digo.
    Veinte minutos más tarde...
    La visita: —Hola, Johnny, ¿está tu papá?
    Mi hermano: —Dice mi papá que está dormido, que no quiere ver a nadie y tampoco quiere visitas.
    © Lorena Oliva / Facebook
  • Mi hijo de 4 años me preguntó en voz alta y delante de la esposa de mi padre por qué la mamá del abuelo lo regañaba tanto. © Rocío Díaz / Facebook
  • Una vez, estábamos esperando el autobús con mi pequeño y en la fila había un señor con una barriga muy grande. Entonces el niño lo miró atentamente y me preguntó: “Mami, ¿ese señor tiene un bebé en la panza?”. © Bren Ruiz / Facebook
  • Tenía una vecina que me pedía de todo. Un día, mi hijo le preguntó: “Adriana, ¿tú eres pobre? Siempre le pides cosas a mi mamá”. Mi vecina solo dijo: “¡¡¡Ay, Sergio!!!”, y nunca más volvió a pedirme nada. © Xochiquetzalli Yàotl / Facebook

¿Qué harías si un niño te dejara con la boca abierta por algún comentario demasiado sincero? ¿Ya te ha pasado? ¡Nos encantaría conocer tus anécdotas!

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