Ahora lo vi todo
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“Querido sobrino, perdón por mi loca forma de cuidarte”, la historia de una tía milenial

Convertirse en tío/tía es algo mágico e importante. Sin embargo, cuando no tienes experiencia alguna con niños, se vuelve un gran reto. Más cuando tus hermanos esperan que te vuelvas un mentor para sus hijos (¿qué se supone que debemos enseñarles?). El sentimiento de tener sobrinos es inexplicable y hay muchas cosas que se experimentan en el camino.

En Ahora lo vi todo le quisimos dar espacio a una tía milenial para que nos cuente cómo es cuidar a la nueva bendición de la familia. Para nada se parece a un cuento de hadas. Digamos que es más uno en donde se mezclan el drama, el terror y un poco de humor.

Ser tía o tío es algo que muchas veces no se elige, solo llega. De sopetón. Disfrazado del mejor regalo que tus hermanos podrían darte (prueba de que claramente no conocen tus gustos)

Muy quitados de la pena, ellos un día llegan y te dicen: “¡Vas a tener un sobrino!”. Y tú así:

El pequeño pánico no es gratis, pues sabes que ese nuevo ser humano será una gran responsabilidad, una que no tenías contemplada

Y bueno, cuando por fin llega a tu vida, resulta que no era tan malo como lo imaginabas

Aquí viene un giro en la historia, porque ¿adivinen qué? La mala, en muchas ocasiones, terminas siendo tú

Y es que, sin querer queriendo, actúas como jamás pensaste que lo harías. Por ello, esta es una carta para mi sobrino. Una de disculpa, por esas cosas no tan de adulta “responsable” y “madura” que hice

Querido sobrino, siento mucho no haber podido enseñarte que las cosas no se arreglan llorando

O que no importa si no ganas en un juego, la cosa es competir y divertirse. Ah, pero claro, muy sanamente

También siento mucho haberte echado la culpa por los pequeños accidentes que yo cometí

Y no mostrarte la magia de saber compartir

Aunque esto último tú ya no necesitabas aprenderlo, porque desde muy chiquito supiste que en esta vida todo sabe mejor cuando repartes lo que tienes con otros

Creo que te debo un helado por las veces que me comí algunas de tus comidas cuando te dejaban a mi cargo. Todo es culpa de tu mamá, que cocina tan bien y te hace salchipulpos y hot cakes con formas de animalitos

Y uno más (¡puede ser doble!) por las veces que te hice bailar conmigo o canté canciones que para nada eran de cuna

Ya mejor ve eligiendo a dónde quieres ir a comer (puede ser ese lugar de hamburguesas que tanto te gusta), porque también te puse películas bien tristes en nuestros maratones de fin de semana y terminabas medio depre

Sí, sí, puedes pedir una hamburguesa y papitas. Estas van por la vez que estrené primero tu bici... y otros de tus juguetes del día de Reyes

Después de comer, te invito a ver una peli de superhéroes. Esta será un adelanto por mis futuras acciones

Como saludarte todas las mañanas por WhatsApp con un “¡Buenos días, bebesaurio!” más una imagen. Aquí la disculpa será por llenar la memoria de tu celu con los memes de señora que te mandaré y que me hagan pensar en ti

O por ser tu paparazi personal, porque estaré en primera fila para aplaudir y atesorar todas las cosas increíbles que hagas. Sorry por tanto flash

Ya quiero verte para comer e ir al cine, así que aquí paro con la carta. Además, las disculpas nunca terminarán, porque la seguiré regando. Pero no me cansaré de intentar ser la tía que necesitas, porque tú me inspiras a serlo. Y sé que te caigo mal cuando te spoileo algo, jojo, pero aquí te va uno:

Entonces, ¿a qué hora paso por ti? Por cierto, este mes no habrá domingo para ti, ya me contó tu mamá que le dijiste que fui yo quien descompuso su microondas. ¡Prometimos fingir demencia! Y la idea de comer palomitas fue tuya. Antes eras chido, porque no sabías hablar, jaja. No es cierto. Te quiero.

Y tú, ¿qué cosas locas, extrañas y a veces sin sentido has hecho con tus sobrinos o por ellos?

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