Ahora lo vi todo
Ahora lo vi todo

16 Reuniones de padres que fueron tan innecesarias como una muela del juicio

Las juntas de padres pueden ser un dolor de cabeza. Imagina tener que pedir permiso en el trabajo, sentarte en un lugar muy pequeño y luego escuchar durante varios minutos lo que tienen que decir otros papás y mamás. A esto súmale las quejas que los maestros tienen guardadas de los pequeños torbellinos que ven diario en el salón. Nada divertido, ¿cierto?

En Ahora lo vi todo reunimos las historias de personas que después de acudir a una de estas reuniones, solo les quedó recostarse y tomar un calmante.

  • Fui a una reunión de padres en el kínder antes del comienzo del próximo año. Una madre regordeta del comité de padres estaba hablando sobre los pocos juguetes que tenían nuestros hijos y lo mucho que necesitábamos comprar otros nuevos, lo que significaba que cada uno tenía que pagar 15 USD adicionales. Había 27 pequeños en el grupo, así que se gastaría un total de 405 USD. Y ella ya había elegido qué comprar; encontró una buena tienda y todo sería genial. Pero resultó que en ese momento, un amigo mío vendía juguetes por mayor, así que me levanté y propuse comprárselos a él. Todos los padres estaban felices. Como resultado, gastamos 135 USD menos de lo que proponía esa mujer. Pero todavía recuerdo su mirada ardiente y llena de odio. © Dakarator3 / Pikabu
  • Antes de las vacaciones, la maestra nos avisó en una reunión de padres que tendríamos un día de limpieza. Teníamos que ir un sábado, lavar las paredes y los escritorios, limpiar las ventanas. Todos comenzaron a refunfuñar, y era comprensible: ¿quién tenía tiempo extra? Yo dije: “Escuchen, ¿y si juntamos dinero entre todos y les pagamos a las señoras de la limpieza para que ellas lo hagan todo?”. La respuesta de la maestra: “No pueden. Por razones de seguridad, no pueden lavarse ventanas sin seguro”. Es decir, las señoras de la limpieza no lo tenían permitido, pero todos los padres eran Batman.
  • Una psicóloga asistió a una reunión de padres. Durante 2 horas, la encantadora mujer nos quemó los oídos diciéndonos qué niños tan malos teníamos: no habían leído a los clásicos, no había peor clase que ellos en toda la escuela. Al final de esta ejecución, una madre no pudo soportarlo y preguntó: “¿Estás segura de que eres psicóloga?”. En respuesta, la mujer, haciendo pucheros con desdén, dijo: “Ahora está claro a quiénes salieron tan maleducados los niños”, y abandonó el aula sin despedirse. Cerrando la puerta de un golpe.
  • Cuando yo tenía 5 años, mi mamá fue a una reunión de padres en el kínder, la víspera del Día de la Madre. La maestra decidió anunciar a todos los adultos los resultados de una encuesta de los niños sobre el tema “Cómo mi papá ayuda a mi mamá en la casa”. Un niño dijo que su padre lavaba los platos; otro, que limpiaba el piso, y el tercero, que preparaba la cena. Y yo me levanté y dije: “Mi papá le lava la espalda a mi mamá”. Mi madre dijo que nunca se había sentido tan avergonzada. © Oídoporahí / VK
  • En una reunión de padres, la maestra comenzó a hablar sobre los cortes de pelo de los niños y el cabello teñido de las niñas: “Bla, bla, bla, ¿en qué trabajo los aceptarán así? ¿Serán cajeros?”. Mientras los padres estaban tratando de entender la conexión, la directora entró al salón de clases. Y entonces todos comenzaron a reír a carcajadas: nuestra directora es una dama que ama estar a la moda, y tenía un nuevo peinado con sienes afeitadas y mechas de colores.
  • Estaba en una reunión escolar de mi hijo (cuarto grado). Me senté con el padre de un amigo de mi niño. A mitad de la reunión, la profesora comenzó a regañarnos por el comportamiento de los niños en general y por el hecho de que disparaban gomas elásticas en particular. La respetada profesora me agitó esa goma elástica en la nariz y luego la dejó sobre la mesa. Mi vecino de escritorio, un hombre respetable de unos 45 años, tomó el elástico en sus manos y comenzó a estirarlo, y yo, por alguna razón, decidí quitárselo. En resumen, disparamos esta cosa por accidente. Pero esto no fue lo peor. Mi vecino me tomó de la mano y gritó “¡Corre!”, arrastrándome fuera del aula al pasillo. © Scrimmer / Pikabu
  • Tengo 3 hijos que fueron al mismo colegio. La administración decidió realizar reuniones de padres el mismo día para todos. Se entiende que si hay 3 hijos y hay 2 padres, alguno de los niños será más afortunado. Ese generalmente era nuestro hijo del medio. Una vez, había que ir a una reunión de mi hija menor (primer grado), y mi esposo y yo teníamos mucho trabajo. Era fin de mes, había que hacer muchos informes y otras cosas por el estilo. Decidimos enviar a nuestro hijo mayor, de 16 años, para que luego nos contara los puntos más importantes, sin intervenir él mismo en nada. Como resultado, volvió de la reunión y dijo: “Mamá, ¿cómo soportan ese caos? Si los maestros me dicen de nuevo que me porto mal en clase, les recordaré cómo se comportan los padres en las reuniones”. © Nadezhda Buseva / Facebook
  • En la primera reunión de padres, la maestra nos dijo que ocupáramos los lugares de nuestros hijos. Me acerqué al escritorio de mi hija y un extraño ya estaba sentado en “mi” lugar. Me senté a su lado. Pensé que, probablemente, era el padre del vecino de mesa de Cata y que teníamos que conocernos. Después de todo, nuestros hijos estudiarían juntos. Empecé a presentarme: “Hola. Soy la madre de Cata”. Su respuesta me dejó en estado de shock: “¡Y yo soy el padre de Cata!”. Solo más tarde me di cuenta de que había cuatro “Catas” en la clase. © umorist / Pikabu
  • En la clase de mi hijo, los maestros comenzaron a cambiar, y cada uno tenía su propio despacho. Octavo grado: hacían falta unas cortinas. Las compramos. Noveno grado: una nueva maestra, le hacían falta cortinas. Las compramos. Décimo grado... se necesitaban unas cortinas. En ese punto ya comencé a protestar. Dije que no tenía la intención de proporcionar cortinas a toda la escuela; si hacían falta, que se las quitaran a la maestra del grado anterior. Todos me apoyaron. Una madre las quitó ella misma, las lavó y las colgó en el nuevo despacho. La maestra anterior estaba indignada porque nos llevamos unas cortinas buenas, y la nueva también, porque le dimos unas usadas. Onceavo grado: una nueva maestra y nuevamente una conversación sobre cortinas. Cuando los padres escucharon esta palabra, las risas se oyeron en los 4 pisos. © haydar / Pikabu

  • Mi esposo es marinero, así que no está en casa durante varios meses. Mi hijo está en quinto grado. Ayer yo no podía ir a una reunión y fue mi marido. Su tarea consistía en hablar con la profesora de matemáticas. Dijo que fue a la escuela, pero había olvidado el número del aula. Caminó por el pasillo y vio una reunión que estaba llevándose a cabo en uno de los salones. Entró silenciosamente y se sentó. Había ruido en esa reunión, estaban discutiendo algo que tenía que ver con dinero. Él se quedó sentado; no entendía nada, todas las caras eran desconocidas. En resumen, se dio cuenta de que se había confundido de aula. Y entonces empezó una locura: los padres gritaban, la maestra gritaba. Aprovechó y salió del aula silenciosamente. Fue a la sala de profesores: “¿Dónde es la reunión de 7 B?”. “7 B no tiene reunión hoy”. “¿Y 6 B?”. Así descubrió que su hijo iba al 5 D. En la reunión correcta no pasó nada interesante. Le preguntó a la maestra el nombre de la profesora de matemática y el número del aula en el que estaba; iba a ir a hablar con ella, pero primero decidió mirar las notas de nuestro hijo. Mientras las miraba, se olvidó el nombre de la maestra. Le dio vergüenza preguntar por segunda vez y se fue a casa. © DaMiR / Pikabu
  • En la reunión de padres, una maestra comenzó a sermonearnos sobre la apariencia de las chicas: las faldas muy cortas, las blusas muy provocativas, los labios muy maquillados. ¿Qué clase de padres éramos si no podíamos hacerlas lucir decentemente? De repente, un padre se levantó, se le acercó y le puso su teléfono debajo de la nariz. Dijo: “Mira: esta chica es la ganadora de las olimpiadas de física. Tiene minifalda y maquillaje, ¿y qué? Que los vuelvan locos por su apariencia”. La maestra perdió todo su entusiasmo. Porque ella justamente enseñaba física, y los resultados de los niños estaban por debajo del promedio.
  • Cuántas veces ya fuimos a las reuniones de padres, y nunca terminan. Y siempre hay una persona que, después de la frase de la profesora “Y ahora que hemos anotado los requisitos del profesor de literatura”, levanta la mano tímidamente y pregunta: “Disculpe, pero ¿puede decirme cuáles son los requisitos del profesor de literatura?”. Y siempre hay alguien que de repente grita: “¡La chaqueta! ¡¿Por qué no puede ponerse una chaqueta?!”. Y siempre hay una disputa entre la mitad de los padres que quieren aportar 1 USD al fondo de la clase al mes, y la otra mitad en la que las personas fruncen los labios con la palabra “centavos” e insisten en pagar 2 USD. Y estas reuniones siempre duran exactamente una hora más de lo que puedes soportar en silencio. Y entonces murmuras en voz baja: “Qué harta me tienen”. Y siempre es en ese preciso momento cuando se hace el silencio, y suena tu “Harta, me tienen harta”, y todos se dan la vuelta. © Beefeedoc / Pikabu

¿Cuál ha sido la reunión de padres más memorable a la que has asistido?

Ahora lo vi todo/Historias/16 Reuniones de padres que fueron tan innecesarias como una muela del juicio
Compartir este artículo
Te pueden gustar estos artículos