Ahora lo vi todo
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17 Ejemplos de por qué no hay que arriesgarse a invitar a cualquiera a nuestra casa

Normalmente, los amigos son invitados a casa. Sin embargo, algunas veces, la situación se sale de control y desearías echarlos o no recibirlos nunca más. La frescura con la que se comportan es imposible de creer, desde quedarse por dos meses hasta tomarse todo el café y luego exigir que se compre más. En estos casos, resulta complejo tomar una postura, pues podría acabar con la amistad.

En Ahora lo vi todo recopilamos algunas historias de internautas que ahora piensan cuidadosamente antes de recibir en su hogar hasta a su mejor amigo.

Me fui de vacaciones durante 2 meses. Permití que un amigo viviera en casa con su perro durante mi ausencia, mientras él hacía reparaciones en su departamento (quería terminar a tiempo para la llegada de su esposa, mi amiga). Le permití vivir absolutamente gratis: pagué el piso con un año de anticipación y nunca se me pasó por la cabeza tomar dinero de mis amigos.
Una semana antes de mi llegada, mi amigo se fue y yo llegué y me volví loca. Que el departamento estuviera todo sucio fue lo de menos... En el microondas florecieron hongos, la ropa se pudrió en la lavadora (aparentemente la lavó, ¡pero olvidó sacarla!). Las alfombras estaban impregnadas con pelo del perro, el cual además dormía sobre mi manta favorita: mi amigo la tiró de la cama al piso para el animal. Estaba llena de pelos y baba.
No se trataba en absoluto de gente pobre, tenían una cadena de restaurantes. Podrían haber enviado a alguien a limpiar mi departamento para mi llegada. En resumen, tuve que limpiarlo todo inmediatamente después del vuelo, cosa que me llevó mucho tiempo y fue muy tedioso. Y no fui a verlos para regocijarme con ellos por su hermosa y costosa reparación... Ya no son mis amigos, no lo son. © Elena Chakubash / Facebook

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Una vecina vino con su pariente a visitarme. Nos sentamos a charlar en la terraza. Se estaba cocinando sopa de champiñones en la cocina. Su familiar fue al baño. Después de un tiempo, me acordé de la sopa, corrí a la cocina y cuando entré, me encontré con el siguiente cuadro: esta mujer estaba parada al lado de la estufa comiendo la sopa hirviendo directamente de la cacerola con un cucharón. Justificación: “Estaba pasando por aquí y no me pude resistir”. © Ekaterina Osipova / Facebook

Después de la visita de unos parientes, a quienes nunca había visto antes, desaparecieron algunas prendas de ropa y perfumes franceses. Y esto a pesar de que les obsequiamos unos regalos (objetos de cristal, ropa de cama, etc.). Vivieron con nosotros durante una semana a nuestra cuenta. © Natalia Tolkachova / Facebook

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Una vez tuvimos unos invitados. Les preparé una habitación adyacente a mi estudio. Un día entré al cuarto y vi que la invitada estaba parada con la pierna apoyada sobre la mesa de la computadora, cortándose las uñas de los pies con mis tijeras de bordado de 100 USD. Para los que no están en el tema, son unas tijeras curvas muy afiladas, suaves y altamente especializadas. ¡Revolvió mis herramientas, encontró la tijera más cara e inadecuada para cortar uñas y la tomó! Y ni hablemos sobre las piernas levantadas sobre la mesa y el barniz tomado sin permiso. © Tasha Bordado / Facebook

Una vez, mi hermano vino por 3 días y se quedó durante 2 años. En otra ocasión, mi mejor amiga me pidió si podía quedarse a vivir por 2 semanas. ¡La eché cuando pasaron 2 meses! Este es el karma de las personas que viven en la capital. ¡Todos las necesitan! Y lo más interesante es su justificación: “¡Pero yo no vivo contigo, solo paso la noche!”. © Oksana Skripnik / Facebook

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Una vez, mi examiga vino a visitarme por una semana. Se tomó todo el café en dos días. Yo no podía ir a la tienda debido a mi horario de trabajo y estudio, y ella solo compraba comida para ella y Coca-Cola. Y por las mañanas refunfuñaba porque no había café en la casa. Luego lavó la enorme maleta de ropa que había traído consigo, diciendo que no había lavadora en su departamento alquilado. Después de que ella se fue, encontré un montón de tazas de comida seca detrás de la cama y otros trozos de alimentos en varios lugares inesperados. © Nadezhda Kalinina / Facebook

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Me mudé a un departamento nuevo y compré todo: electrodomésticos, muebles, etc. Invité a mis amigos a una fiesta de inauguración. No tenía ganas de cocinar, así que pedí comida hecha. Había pollo frito. Una de mis amigas se limpió las manos grasientas en el sofá... Después de que los invitados se fueron, hice una limpieza general. Además, por supuesto, había servilletas, tanto húmedas como secas. Pero le gustó el sofá. © Anna Zavolokina / Facebook

Invitamos a nuestra boda a mi suegra, que vivía en otra ciudad, y le ofrecimos que se quedara con nosotros. Ella vino y desde la entrada comenzó a indicar qué objetos y dónde, en su opinión, debían reubicarse.
—¡Pongan el cesto de la ropa sucia en el pasillo, ocupa mucho espacio en el baño!
—Pero nos gusta así...
Nos fuimos a la cama. Nos levantamos por la mañana y descubrimos que ¡el cesto estaba en el pasillo! Mi marido la obligó a ponerlo en su lugar.
Y esas cosas pasaban cada vez que ella venía. Durante 9 años he acumulado historias de este tipo para una edición de tres volúmenes. Ya no la invitamos... © Yulia Dmitrieva / Facebook

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Los parientes de mi esposo se quedaron con nosotros en nuestra casa... Como resultado, la cubierta de vidrio de la mesa de café se rompió. ¡Rompían nueces sobre ella! © Alena Korneva / Facebook

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Tenía una amiga. A ella le gustaba venir de visita con algo rico y luego llevarse todo lo que quedaba. Tipo “comimos un poco y eso es suficiente”. Ya no la invito. © Kristina Kupavskaya / Facebook

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Unos parientes de mi esposo vinieron a nuestra boda. Los instalamos en nuestro departamento y nos fuimos a la casa de mi madre. ¡Llegamos por la mañana y vimos que habían repintado los pisos! ¡No les había gustado el color de nuestros suelos! Me quedé impactada. © Ekaterina Pepelyaeva / Facebook

Una vez nos fuimos de casa por un mes con toda nuestra familia. El primo de mi madre y su familia querían venir a nuestra ciudad. Y para que no gastaran en un hotel, mis padres los invitaron a quedarse en nuestra casa.
Como resultado, cuando regresamos, encontramos clavos clavados en los muebles de la cocina (en el aparador y el armario). “Porque no tenían dónde colgar los repasadores”, dijeron los familiares. Nuestras revistas Vogue, que mi hermana y yo coleccionábamos y revisábamos periódicamente, estaban descuidadas en el baño, húmedas y con las páginas arrancadas. Una cama del dormitorio estaba rota.
Nuestros padres guardaron silencio, pero mi hermana y yo, por las revistas estropeadas, le dijimos a nuestro primo segundo todo lo que pensábamos sobre sus habilidades mentales. © Adme

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Una pareja con un bebé vino a nuestra casa para celebrar el Año Nuevo. La madre se fue a la cama y yo estuve alimentando y cambiando a la criatura toda la noche. Usé todas las sábanas y fundas de edredón (antes no había pañales). Los padres durmieron lo suficiente y se fueron a casa. No los volví a invitar. © Olga Verigina / Facebook

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Una vez observé la siguiente situación: para el cumpleaños de mi amiga vino su pariente, cuyo cumpleaños era al día siguiente. Para no perder el tiempo, comenzó a cocinar dulces para su cumpleaños en la cocina de otra persona, haciendo que trabajara también la anfitriona de la casa. Es decir, vino de visita, comió, bebió y también la ayudaron a cocinar. Y no tenía necesidad de lavar la vajilla. Por cierto, no invitó a ninguno de los que estábamos presentes a su festejo. © Svetlana Bogdan / Facebook

Mi mamá tiene una conocida. Ellas no son amigas, pero la mujer viene constantemente de visita y a todas las fiestas sin invitación. Mi madre es una persona amable, siempre se alegra, la acepta, le ofrece cosas deliciosas. Y esta conocida invita constantemente a mi madre a visitarla. A mamá no le gusta visitar a los conocidos que no son cercanos. Pero un día se rindió y fue.
Esta señora le ofreció una sopa. Mamá trató de negarse, dijo que ya había almorzado, le agradeció. La conocida dijo: “¡Pero come, come, ya hace tres días que la hice! No tengo cerdos para que la coman”. Telón. © Olga Broughman / Facebook

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Invité a una amiga con su madre y sus dos hijas a vivir con nosotros hasta que encontraran un departamento. Vivieron 7 meses y ni siquiera pensaban en buscarse uno. Su hija mayor volvía a menudo a altas horas de la noche, y tenía peleas con su madre y su abuela, lo que nos asustaba mucho. Cuando les encontré una opción de alquiler decente y barata, se ofendieron, y al irse se llevaron muchas de nuestras pertenencias. Más tarde descubrí que además decían cosas desagradables sobre nuestra familia. Se acabó la amistad. © Oxana Sen-etien / Facebook

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Vino de visita una amiga con su niño. El pequeño corría con un pedazo de pastel por todo el departamento, y terminó untándolo en el televisor. Mi amiga se rio y dijo: “¡No toques a tu madre con tus manos!”, porque tenía un traje nuevo. En conclusión, comenzó a trepar al respaldo del sofá y a saltar al piso. Ante esto, mi amiga dijo que “el niño se estaba desarrollando”. © Tatjana Nielsen / Facebook

¿Alguna de tus amistades se acabó por este tipo de situaciones?

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