Ahora lo vi todo
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19 Clientes a quienes su comida les espantó todo el apetito que traían

Salir a comer a un buen restaurante cuenta como uno de los mejores placeres que a algunos les gusta costearse. Llegar, ser bien atendido y recibir un plato de comida delicioso es una experiencia maravillosa. Sin embargo, hay quienes no siempre corren con tanta suerte y, en lugar de pasar una buena velada, terminando saliendo con ganas de demandar al establecimiento, como mínimo.

  • El agua de avena que pedí traía una mosca, así que la devolví. El mesero, que conocía a mi cuñado, nos la cambió y le dijo en secreto: “Ya no se la tomen, porque es la misma, solo le sacaron la mosca”. © Srita Nesbit Nieto / Facebook
  • Cuando fui a desayunar en Puebla, entré al baño y no había agua, así que el mesero me ofreció gel para que pudiese lavarme las manos. Luego pedí mi desayuno y un agua de fresa kiwi (estaba en la carta), pero cuando regresa al mesero, ¡sorpresa! Me dijo que no podían hacer la bebida porque no tenían agua. Conclusión: la hacen con agua de la llave. No he vuelto desde esa fecha. © Jose Notario / Facebook
  • Compré un capuchino, y el chico, que supongo que era nuevo, hizo una decoración con canela en polvo que parecía una cucaracha aplastada. Mi cara lo habrá dicho todo, porque me dijo: “Es el intento de una flor”. Mi risa no pudo evitar salir. Me arrepiento de no haber tomado una foto porque hasta el día de hoy me sigue dando risa. © Veronica Mendoza / Facebook
  • Fuimos a cenar a un restaurante pequeño, italiano, del que éramos clientes habituales. Notábamos que la calidad mermaba, pero aun así, éramos fieles porque pensábamos: “Un error lo comete cualquiera”. La gota que derramó el vaso fue cuando pedimos una pizza especial, aclarando que no quería que tuviese maíz, pese a ser uno de los ingredientes. Cuando llegó la pizza, ahí estaban los granos de maíz. Le comentamos al mesero el error de la orden; dijo que teníamos razón, y que nuestra pizza sin maíz estaba a un lado en la cocina, pero que él se había equivocado y nos la cambiaría. Cuando regresó la pizza, ya no traía maíz, pero venía con las marcas donde estaban los granos y pequeños “hoyos” donde metieron los dedos para sacar el maíz. Nos levantamos, nos retiramos y jamás regresamos. Por cierto, ya cerró el restaurante. © Lina Dávila / Facebook
  • Cuando comí en la terminal, vi que al mesero se le cayó el pan al piso. El muy discreto lo recogió, simuló tirarlo a la basura y sirvió como si nada. Cuando revisé la cesta donde supuestamente arrojó el pan, no estaba ahí. © Sandra RG / Facebook
  • Cuando pedí comida para llevar, la pechuga rellena estaba cruda. El mesero me dijo al respecto: “Ah, es para que la termine de cocinar en su casa”. © Jacqueline Romo / Facebook
  • Mi hijo me dijo: “Dame dinero para comprar un chugro”, (“churro”, es que no puede decir la doble “r”). Fue al mostrador, dijo lo mismo, y no le entendieron. Regresó con una rebanada de pizza. © Karla Silva / Facebook
  • Devolví mi desayuno porque estaba helado. Al traerlo de regreso, vi cuando a la mesera se le cayó al piso la salchicha de desayuno, la recogió y la puso en el plato nuevamente. Me fui de inmediato sin antes decirle que la había visto. No pronunció palabra. © Carolina Vasquez / Facebook
  • En una ocasión, vi que dos comensales pidieron espagueti, y uno traía una mosca, así que exigieron que se lo cambiaran, pero antes, él colocó entre la pasta uno de los aretes de ella. Cuando el mesero regresó con el plato, este buscó el arete y sí, ahí estaba. Solo le quitaron la mosca y le regresaron el mismo plato. © Hilda Gaytan / Facebook
  • Una vez, mi esposa y yo fuimos a desayunar a un restaurante de waffles muy conocido en la ciudad en un día no tan concurrido, así que no había mucho personal ni clientes. Mi esposa ordenó chilaquiles con guisado y yo pedí un waffle tradicional. El servicio tardó muchísimo, cuando no había tantos clientes y ya todos estaban comiendo. Cuando por fin llegó nuestro plato y empezamos a comer, mi esposa notó un sabor muy peculiar (dulce) a lo que procedió a revisar y se dio cuenta de que el plato no había sido lavado y solo sirvieron comida sobre uno usado. Solicitamos que se cambiara el plato, a lo que el mesero de una manera no amable lo llevó a la cocina, y retiraron solamente la parte dulce. Volvieron a colocar los alimentos en el mismo plato y, para colmo, tardaron otros 10 minutos. Para cuando lo trajeron de nuevo a la mesa, ya estaba frío. Amablemente, le pedimos si lo podía volver a calentar, y el mesero de igual manera se llevó el plato y lo trajo “tibio” y desparramado. Pedimos la cuenta y notamos que venía incluida la propina. Yo trabajé mucho tiempo como mesero y trato siempre de dejar buena propina, pero esta vez habían rebasado nuestra paciencia. © Adrian V Veloz / Facebook
  • Una vez, en una cafetería, cuando acababa de llegar, pasé al baño, pero como soy muy despistada, me equivoqué de pasillo y me metí a la entrada de la cocina. Entonces me tocó ver qué le escupían a un plato de comida y los demás meseros reían. No me vieron, solo eché reversa y cancelamos el pedido. © Patricia Geraldd / Facebook
  • Una vez, nos sirvieron un chocolate con leche echada a perder. Primero no aceptaban que el chocolate estuviera mal y después dijeron que nos lo cambiaban... Solo le agregaron más leche y chocolate para que disfrazara el sabor. © Gonzalez Flores Lucia / Facebook
  • Mi hermana me invitó a unos tacos, pero a mí no me gustan de menudo, así que me dijo: “No te preocupes, también tienen de suadero”. Entonces le especifiqué al taquero: “Quiero un taco de suadero”. Me miró fijamente y me dio un taco que no sabía a suadero. En eso, llega un señor y le dice: “Dame uno de tripa”. ¡Y le da de la misma carne que a mí! Me sentí engañada, estafada... Pero el taco estaba muy rico. © Zyanya Nochipa Cid / Facebook
  • Comiendo pozole en una pozolería sentí algo raro dentro de mi boca y pensé: “Oh, por dios, ¡se me cayó un diente y casi me lo trago!”. Lo saqué discretamente y me puse a contar todos mis dientes, los tenía todos en su lugar. Pues resultó ser muela de cabeza del pozole. Todos, al verme preocupada, primero me preguntaron qué había pasado. Al contarles, nos empezamos a reír, hasta unos dijeron, “Pues al menos no estaba picada”. © Karla Silva / Facebook

¿Cuál ha sido tu experiencia más desastrosa en un restaurante? ¿Cómo reaccionaste en ese momento?

Imagen de portada Patricia Geraldd / Facebook
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