Ahora lo vi todo
Ahora lo vi todo

20 Anécdotas sobre lo entretenida que puede llegar a ser una persona olvidadiza

Concentrarse en una sola cosa puede ser algo realmente difícil para algunas personas. Entre el trabajo, cuidar del hogar, de la familia y las mascotas, el día queda corto para todas las tareas y obligaciones que hay que llevar a cabo. Por eso, no es nada extraño que, a veces, la mente nos juegue una mala pasada y terminemos olvidando pequeños detalles, como le pasó a los protagonistas de las siguientes historias.

  • Cierta vez, fui a comprar regalos para Navidad. Cuando fui a pagar, descubrí horrorizada que no tenía la cartera conmigo. Todo lo que estaba ahí adentro (celular, llaves, etc.) pasó ante mí por un segundo. Recordaba que había salido con las cosas, así que la única explicación lógica es que me las habían robado sin que me diera cuenta. Entonces, mientras buscaba a alguien que me ayudara, toqué mi bolsillo y encontré una ficha con un número adentro... Era del comercio anterior, había dejado mi cartera guardada ahí y había olvidado retirarla. Cuando regresé y entregué mi número, pude recuperar mis cosas sin problema. Uno puede pensar que después de ese escarmiento se aprende la lección, pero me volvió a pasar varias veces más.
  • Una mañana, todos mis conocidos empezaron a enviarme mensajes muy temprano. Justo estaba de vacaciones, así que me molestó bastante la cantidad de notificaciones, porque me despertaban. Apagué el celular y seguí durmiendo sin mirar. Cuando me levanté (tarde, muy tarde, me gusta dormir), decidí encender el teléfono. Entonces entendí por qué estaba recibiendo tantos mensajes. Me había olvidado de que era mi cumpleaños, la gente me estaba felicitando.
  • Una vez, cuando vivía en Buenos Aires, fui a pasear con una tía que vino a visitarnos. Fui al baño en un local y llevaba mi bolso puesto. Me lavé las manos, me acomodé el suéter (era invierno) y salí del baño lo más tranquila. Quería avisarle a mi tía que estaba lista, así que, como toda persona normal, bajé el brazo para sacar el celular del bolso, cuando ¡bam! No había bolso. Por un momento, me dio un pequeño paro cardíaco y me regresé al baño, abrí el cubículo al que había ido y ahí estaba mi cartera esperándome.
  • Un domingo por la tarde, mi esposo, mi hijo y yo fuimos al supermercado. Después de hacer las compras, salimos al estacionamiento y llovía, así que nos apresuramos a la camioneta para guardar todo e irnos a casa. Llegamos y me empezó a entrar el pánico porque las llaves del vehículo no aparecían por ninguna parte: busqué en mis bolsillos, en mi bolsa, le dije a mi esposo que seguro que las traía él, pero no... Las llaves estaban puestas en el contacto y la música a todo lo que daba 🙈. Después de esperar casi una hora y de llamar a un cerrajero de emergencia, me tuvieron que abrir la camioneta con una palanca.
  • Hace unas semanas, estaba separando el aceite sucio en una botella para llevarlo a tirar. Lo puse en la botella, enrosqué la tapa y la dejé en el suelo para poder seguir limpiando lo demás. Resulta que no había puesto bien la tapita y, mientras recogía la cocina, le di una patadita... La mitad de la botella de aceite se esparció por el suelo. No sé cuantas veces tuve que limpiarlo para que no se sintiese que el piso era una pista de patinaje sobre hielo.
  • Hace unos meses, cuando estaba en el baño lavándome los dientes para irme a dormir, el cansancio me traicionó. Solo pensaba en llegar a la cama y descansar, así que creo que estaba en automático. Terminé de lavarme los dientes, fui a escupir la pasta y a enjuagarme, pero mi cerebro agotado y desconectado decidió que había que escupir la pasta en el piso. Sí, escupí la pasta en el piso y me quedé mirando unos segundos hasta que me di cuenta de que eso no iba ahí. Me tocó limpiarlo mientras me reía sola de lo que acababa de hacer
  • Estaba calentando leche porque quería hacer cocido con leche (bebida caliente típica del Paraguay) “a lo tradicional”, pero como nunca hervía, pues me puse a revisar mis redes sociales. Hasta que, de pronto, un hermoso chorro blanco salió del pico del hervidor, se esparció por el mueble donde tenía apoyada mi cocinita eléctrica y comencé a oler a quemado. El final fue bueno porque si conseguí desayunar mi cocido, pero la cocinita quedó un desastre y como aún estaba caliente la placa, pues decidí esperar un poco hasta qué... me olvidé. Asimismo, me olvidé de remover los restos del líquido quemado. Y ahora, cada vez que cocino ahí, todavía puedo sentir el olor porque siempre pospongo la tarea de limpiar la cocina 😁.
  • No, una, sino dos veces, olvidé mi bolso en el guardador de un transporte. La primera vez fue en un viaje a mi pueblo. Por suerte, ese mismo bus volvió a pasar por ahí y todavía lo tenía. La segunda vez, (pocos meses después, además) me sucedió en un viaje de deportes por la Universidad. Cuando llegamos al lugar, por alguna razón estaba convencido de que los bolsos debían quedar en el bus para ir a buscarlos al final. Pero resulta que no, debíamos bajarlos ahí. Así que, estuve todo el encuentro deportivo con ropa prestada porque toda la que había llevado la tenía en el bolso. Por fortuna, después de molestar mucho al pobre coordinador de viaje que tuvo que remover cielo y tierra para contactar con el transporte, pude recuperar mi bolso.
  • Siempre entro en pánico cuando no encuentro mi celular o mi billetera, así sea por un segundo. Un día estaba comprando verduras y solo me llevé una bolsa de tela para cargar con todo, metí todas las verduras en la bolsa y me fui a hacer la cola para pagar. Ya cuando llegaba mi turno meto la mano al fondo de todo y no siento mi billetera; empiezo a sacar todo desesperadamente y me doy cuenta de que la chica que atendía se me quedó viendo sin decirme nada. Yo le digo: “Espera un segundo que estoy buscando mi billetera” y ya cuando saqué todo, ella me contesta: “Señorita, la tiene debajo del brazo”.
  • Cuando estudiaba en la universidad, vivía en un apartamento en el piso 15 y para bajar por el elevador, tenía que usar una llave que activaba los botones para poder bajar o subir. Un día, estaba muy apurada (iba tarde a un examen), estaba trasnochada y tenía muchas cosas en la cabeza. Cuando entro en el elevador, pongo la llave y le doy al botón para bajar, pero no funcionaba. Presioné de nuevo y nada; así estuve cómo 5 minutos. Por suerte, en el apartamento estaba un primo que vivía conmigo y corrí a pedirle ayuda. Llegamos y me dice: “Muéstrame cómo lo estás haciendo”. Le muestro y le digo: “Así, mira. Vez que no funciona”. De repente, mi primo se empieza a reír tanto que hasta se cae y me dice “¡Dianaaaaaa, estás tocando el botón del piso en el que estamos! Tienes que tocar planta baja si quieres bajar”.
  • Yo soy un poco volada... Suelo guardar cosas para no perderlas y luego no recuerdo dónde las guardé. Soy malísima para las contraseñas, me preparo café y lo dejo olvidado por ponerme a hacer otra cosa y lo más gracioso que recuerdo que me ha pasado últimamente (y con vergüenza debo confesar que dos veces ya) es que fui al supermercado, hice unas cuantas compras rápidas, le dije a la cajera que no me diera bolsa y ya me iba, como siempre revisando que tenía mi billetera, mi celular y todo en orden, cuando la cajera me llama... estaba dejando todo lo que había comprado en la caja...
  • Una amiga, un amigo y yo habíamos pagado un hotel todo incluido en una playa que quedaba a unas 5 o 6 horas de Caracas, la ciudad donde vivíamos. Como la idea era llegar muy temprano en la mañana para aprovechar el día, tomaríamos el autobús que salía a las 10:00 p. m. del día anterior para viajar durante la madrugada. Nosotros tres nos vimos antes y fuimos a un restaurante a comer algo y a hacer tiempo antes de embarcar. Cuando llegamos al sitio donde nos recogía el autobús, yo fui a sacar mi teléfono y no lo encontré. Empecé a revolver como loca mi bolso y nada. Ya había empezado a sudar frío y a pensar en regresar corriendo al restaurante, cuando me incliné un poco hacia adelante para tratar de llegar a otros extremos del bolso y mi amiga me dijo: “¡Jessica, lo tienes metido en el sostén!”. Lo había metido ahí porque soy un poco paranoica con la inseguridad.
  • Cierto día, iba de viaje sentado en el autobús con mi maleta al lado. Cuando me bajé, pensé por par de segundos que me hacía falta algo... Bueno, tuve que correr por dos cuadras detrás del bus, hasta que en un semáforo lo alcancé y recuperé mi maleta. Pero el caso de olvido más miedoso de todos fue una vez recorriendo las calles bogotanas en mi moto, me puse a cantar canciones en mi mente, a llevar el pulso con la mano y cuando volví a este mundo olvidé para dónde iba. Pero eso no fue lo peor, lo peor es que no sabía en dónde estaba. Tuve que parar. Estaba como en la canción de “La chinita” que andaba perdida de noche y tenía miedo (en esa época ni Waze ni Maps). Desde ese día, comencé a hacer retos mentales de Ahora lo vi todo.
  • Mi hijo salía del colegio a las 2 p. m., así que yo preparaba el almuerzo antes de ir a recogerlo. Un día, terminé de cocinar bastante más tarde de lo previsto, por lo tanto, recogí la cocina corriendo y para limpiar la encimera puse la ensaladera (de plástico) encima de la vitrocerámica (que acababa de apagar) y me fui. Cuando volví, me encontré la ensaladera totalmente derretida, mimetizada con la verdura de la ensalada y la vitrocerámica. No hubo forma de limpiarla, tuvimos que comprar una vitrocerámica nueva.
  • Mi abuelo tenía una tienda de camisas para hombre hechas a medida. Quedaba cerca de su casa en Lima, así que iba caminando todos los días temprano, abría la tienda, se quedaba todo el día trabajando y luego, por la noche, cerraba el comercio y regresaba a su casa. Un día, como todos, iba caminando a su tienda para abrirla cuando vio un auto de la policía y a algunos policías parados en la puerta de su negocio. Con el corazón palpitante, ve que uno de ellos se le acerca y le dice: “Señor, ¿es usted el dueño de esta tienda?”. Mi abuelo respondió que sí. Entonces el policía le dijo una dura verdad: “Haga el favor de cerrarla cuando se vaya en las noches. Dejó las puertas abiertas de par en par y nos hemos tenido que quedar toda la noche haciendo guardia para cuidar que nadie se meta a robar”.

Y a ti, ¿qué olvido te llevó a pasar un momento de risa?

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