Ahora lo vi todo
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20 Desafortunados que dieron con gente más agarrada que una abuelita en moto

La mezquindad es un rasgo con el que muchos nos hemos topado al menos una vez en nuestra vida. Si bien sabemos que no es la mejor experiencia que podamos vivir, también es cierto que, si nos lo tomamos con soda, podemos sacar una anécdota divertida para contarla en una reunión de amigos. Y así lo han hecho muchos de nuestros lectores, que se toparon con gente coda y luego hicieron catarsis con nosotros.

En Ahora lo vi todo hemos recopilado varias anécdotas de personas que tuvieron que respirar profundo cuando se toparon con alguien tacaño.

  • Cuando estaba en la universidad, una amiga siempre hacía llamadas por cobrar. Un día, llegué más temprano y la escuché comentando que hacía eso para no gastar su crédito. Se lo conté a nuestros amigos en común. Nunca más volvieron a recibir una llamada por cobrar de ella. © Andréia Feital/ Facebook
  • En una ciudad donde vivía, corría el rumor de que una de las vecinas guardaba los huesos que quedaban en los platos a la hora de lavar la loza y hacía sopa para la siguiente comida. Nadie lo creía, hasta que un día mi jefa compró todos los ingredientes para hacer carne a la parrilla en la casa de la familia en cuestión. Compró alitas de pollo y, cuando mi jefa y yo fuimos a lavar los platos, preguntamos donde podíamos dejar los huesos de las alas de pollo, ya que vimos que había un perro en la casa. Entonces, la vecina nos dijo que guardáramos los huesos en un recipiente, pues a la noche haría una sopa con ellos. © Elisama Saab/ Facebook
  • Fui a la casa de una prima de mi cuñada. Llegamos justo a la hora de la cena. La mujer dejó a su marido conversando con nosotras en la sala mientras ella cenaba con sus hijos. Después, se vino a estar con nosotras y él se fue a cenar. Resumen: nosotras muriéndonos de hambre y solo sintiendo el aroma que salía de la cocina. © Antônia Maria Fernandes Gondim/ Facebook
  • Tuve un amigo que, durante el almuerzo, mientras masticaba los alimentos, miraba de reojo a las otras mesas. Cuando las personas de las mesas de al lado se retiraban, él tomaba los restos de los jugos que ellas dejaban, los colocaba en un vaso y los bebía. Observación: él es rico. © Sidinei Rosa/ Facebook
  • Fuimos a un lugar de comida rápida con un conocido que, para variar, tenía una buena posición financiera. Pedimos los bocadillos y un refresco. En este lugar se puede llenar el vaso cuantas veces uno quiera, pero él fue hasta una mesa que tenía un vaso vacío de otro cliente y se puso a beber refresco como si ya lo hubiera pagado. Casi no lo podía creer. © Tati Gonçalves/ Facebook
  • Yo vivía cerca de un centro comercial y allí siempre veía a una señora bien arreglada, con ropa y zapatos caros. Ella esperaba que las personas terminaran de comer, tomaba sus bandejas y colocaba los restos de comida en recipientes y los restos de jugo o refresco en botellas. Luego, guardaba todo en una bolsa. Hacía lo mismo todas las noches. © Lucia Mello/ Facebook
  • Cerca de donde vivo, hay una pareja que tiene muchas casas en alquiler, creo que más de 50. La mujer recoge materiales reciclables y se los lleva a su casa. Por aquí existe una pizzería que pega un cupón de promoción en las cajas. Como ella cuida de los alquileres, siempre toma esas cajas, corta el cupón y pide pizza gratis. © Tati Gonçalves/ Facebook
  • Mi papá trabajaba como albañil. Una vez, él estaba haciendo un trabajo en la casa de una mujer. Ella apareció comiendo un paquete de galletas, le ofreció y él aceptó. Entonces, ella tomó una galleta, la partió a la mitad y le dio un trozo. Otra vez, mi padre tenía sed y le pidió agua. Ella tomó un vaso de plástico que tenía en la casa y le dijo que podía beber del grifo que había en el patio, pues el agua era bien limpia. Mi padre dejó todo el material de construcción allí mismo y salió corriendo de esa casa. © Rodrigo Lameira/ Facebook
  • Estaba en la casa de mi hermano con una amiga, él vive en el campo, pero nosotras mismas tuvimos que llevar huevos porque, a pesar de que él tiene gallinas a montones, mi cuñada siempre se queja de que no tienen. Mi hermano me pidió que le preparara un pastel de miel, ya que ellos tienen abejas, pero cuando nos quedamos solas, ella entró en la cocina, nos quitó los ingredientes pidiendo que no usáramos la miel, pues se le iba a acabar. Todo bien.
    Nos dijo que ella misma haría el pastel porque quería que nosotros probáramos su receta. Hizo seis pastelitos del tamaño de una empanada, llevó tres a la casa de sus padres y dejó uno para cada uno de nosotros. Tengo que agregar que ella es muy rica. © Iraci de Jesus/ Facebook
  • Cuando tenía cerca de 12 años fui a la tienda a comprarme un dulce, pero me faltaban 5 centavos. El dueño de la tienda me dijo que se lo devolviera y al final no compré nada. Cuando llegué a mi casa, le conté a mi mamá lo que había sucedido. Ella volvió conmigo a la tienda, compró un caramelo de cinco centavos, pagó con un billete de 100 y pidió el cambio. ¿Adivinen qué moneda el vendedor no tenía? Encima le pidió a mi madre que dejara los cinco centavos de lado. © Hugo Patulo/ Facebook
  • Mi tía intentó venderme una blusa rosa neón que a mí me parecía fea, de un tejido medio transparente que se veía horrible. Más tarde, ella volvió a mi casa y me dijo: “Toma, un regalo de cumpleaños”. En realidad, no era mi cumpleaños todavía. O sea, que no consiguió vender la blusa, jajaja. © Mariana Caetano Mendonça/ Facebook
  • Tuve una amiga a la que le pagué el pasaje para ir a otra ciudad, renté un lugar para quedarnos, pagué el paseo, el transporte y hasta el helado. Un día no tenía monedas y el conductor no tenía cambio, entonces ella pagó el viaje de ómnibus que costó cerca de un dólar. Después tuvo el descaro de decirme que le debía medio dólar. © Fernanda Araujo/ Facebook
  • Tengo una amiga que vino a pasar el fin de semana en mi casa. Por la mañana, fue a la panadería y compró dos panes. Antes de irse me pidió que le devolviera los 40 centavos del pan que ella había comprado, jajaja. © Lucilene Moura/ Facebook
  • Fuimos invitados a cenar a la casa de una pareja de amigos, pero antes tuvimos que comprar todo lo necesario para la cena. Compramos todo y un poco más que, lógicamente, sobraría para la pareja hasta fin de mes. Una vez que la comida estuvo lista, servimos en nuestros platos una porción pequeña para poder repetir. Entonces, ellos terminaron de comer el primer plato, mientras que mi esposa y yo todavía no habíamos repetido. Así como si nada, ellos se sirvieron un segundo plato y guardaron todo el resto de la cena. Yo no me había llenado, así que salimos de ahí y fuimos a un restaurante. Nunca más volvimos a cenar con ellos. © Emerson Gonçalves/ Facebook
  • Conocí a una familia rica que tenía una hacienda con muchos cuartos, empleados y demás. Sin embargo, el dueño mandaba a la familia a hacer sus necesidades en el campo para que no gastaran agua al descargar el inodoro. También le pedía a la cocinera que no desperdiciará nada, todo lo que sobraba debía guardarlo en recipientes, no podía tirar nada a la basura. © Luana Souza/ Facebook

¿Cuál es la experiencia más amarga que has tenido que vivir con alguien codo?

Imagen de portada Lucia Mello/ Facebook
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