Ahora lo vi todo
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20 Internautas que con sus coincidencias dejaron en evidencia que la Matrix a veces falla

El mundo es increíble e impredecible. Algunas veces nos suceden cosas tan poco esperadas que realmente pueden hacernos pensar que existe una especie de máquina que controla nuestra vida y está fallando. Estos acontecimientos pueden pasar de divertidos a extraños, y de extraños a inusuales, lo que nos deja pensando en la procedencia de cada uno de estos hechos y que pueden ir más allá de una simple coincidencia.

En Ahora lo vi todo recopilamos varias historias sobre casualidades dignas de contar y, claro, de compartir.

  • Un día estaba revisando la planilla de personal de mi escuela y descubrí que a una docente de segundo grado le había puesto los mismos datos que a otra. Pero no, habían nacido el mismo día, en la misma ciudad, sus números de documento eran consecutivos (por eso me pareció el mismo) y las dos eran maestras de segundo grado en los mismos turnos y en la misma escuela. Lo que más me llamó la atención fue que cuando mostré los datos y comenté asombrada la similitud, a nadie le pareció excepcional. © Maria Elisa Ledesma / Facebook
  • Me fui de vacaciones con mi esposo, y solo mi mamá sabía de nuestro viaje. Un día decidimos ir a conocer el mercado local y comer en un restaurante ahí mismo. Para nuestra sorpresa, alguien nos saludó desde otra mesa: era mi vecina, quien estaba de vacaciones en el mismo sitio, comiendo en el mismo restaurante y a la misma hora. © Becky Elizondo / Facebook
  • Mi mamá hace una especie de tamales para vender. En mi país se llaman bollitos o guapitos, y yo siempre digo que son los mejores del mundo. Un día que iba en un camión por otra ciudad, por alguna razón empecé a hablar con una desconocida sobre el maíz y los tamales. Le dije que los de mi mamá eran los mejores, y ella me respondió que los más ricos que había probado eran los de un pueblo que estaba a una hora de allí. Yo le dije que ese era el lugar donde vivía mi mamá. Resultó que ella era enfermera y trabajaba con un doctor que era familiar de la socia de mi hermana, y cada vez que iban, le compraban tamales a mi mamá. Pensé: “Tengo razón, son los mejores”, y qué pequeño es el mundo. © Naibe Corona / Facebook
  • Vivimos en una ciudad relativamente grande. Cuando mi hijo mayor tenía solo un año y medio, salíamos a pasear por el vecindario y siempre me detenía junto a unos vecinos que jugaban con sus hijas afuera de su tienda. Me llamaban la atención los bellos bucles de su niña menor. Saludaba y le decía a mi hijo que esa pequeña era la candidata perfecta para ser su novia (esos típicos comentarios tontos que solemos hacer los padres). Al poco tiempo nos mudamos y nunca más volvimos a verlos. 20 años después, mi hijo nos presentó a su novia: era aquella pequeña de bucles, la hija de los comerciantes. Hoy llevan 5 años de noviazgo, y siempre recordamos junto a sus padres aquellos momentos. © Jacqueline Ceschini / Facebook
  • Hace 50 años, vivía en Alemania, y el que hoy es mi esposo fue a visitarme. Íbamos caminando por una calle y, de repente, al cruzarnos con alguien, mi marido dijo: “Ese que viene ahí es de mi pueblo”. Al momento escuchamos a la otra persona llamar a mi esposo por su nombre, y resultó que sí, era un amigo de la infancia. Hacía como 20 años que no se veían, y se encontraron en Alemania, donde él también estaba visitando a su novia. Después de eso, volvió a perderse el contacto, ya que nosotros nos casamos y regresamos a Barcelona. Pero él se casó y retornó a Madrid, donde vivía. Cosas de la vida que pasan. © Maria de la Lglesia / Facebook
  • Yo conocí al que ahora es mi marido mientras trabajaba. Él era de una ciudad que estaba a 70 km de mi pueblo. Empezamos a salir y un día, hablando, yo le comenté que mi tío tenía una escuela de manejo en otro pueblo, a una hora y media de donde yo vivía, y que fue ahí donde había sacado la licencia de conducir. Él me miró y me dijo: “Yo también saqué mi licencia en ese lugar. Mi tío trabaja ahí, en una escuela de manejo”. Resultó que su tío y el mío trabajaban juntos, y habíamos sacado la licencia el mismo verano. Solamente no coincidimos ahí por cuestión de días. © Vicky García / Facebook
  • Tengo unos amigos gemelos a quienes les gusta el mismo cantante que a mí (Miguel Bosé). Una amiga y yo compramos entradas para su concierto en Lima con mucha antelación, y me enteré dos días antes de que ellos también irían (recién habían comprado sus boletos y eran los últimos numerados que quedaban). Quedamos en que nos encontraríamos a la salida del concierto, porque iría tanta gente que no nos veríamos. En realidad, sí nos vimos durante el recital, ya que sus asientos estaban al lado de los nuestros. © Alicia Pedrosa / Facebook
  • Somos de una ciudad del interior de Argentina, y viajamos con mi familia a Italia (en mi ciudad estudio italiano). Una noche estábamos en Roma, paseando por un reconocido barrio. Nos dirigimos al Coliseo y comenzamos a tomarnos fotos. Escuché a un grupo hablando en italiano que quería tomarse una fotografía, pero nadie quería ser excluido de ella (no existían aún las selfis). Entonces me ofrecí a tomarla. Cuando les devolví la cámara, les pregunté de qué lugar de Italia eran. Me respondieron que eran argentinos, más precisamente de mi ciudad, y estudiaban italiano en la misma academia que yo. Para completar (porque obviamente nos pusimos a conversar), me contaron que la directora del lugar no estaba con ellos porque se había quedado cenando en el vecindario que yo había visitado hacía minutos. Estaba comiendo con una persona de nuestra misma ciudad, que hacía años vivía en Italia. Me dijeron el apellido y era el mismo que el mío. Esa persona era mi prima hermana, a quien hacía mucho no veía, y no tenía idea de que vivía precisamente en Roma. © Jacqueline Ceschini / Facebook
  • Me pasó con un ex. Nos conocimos un día, como a los 20 años. Conversamos sobre nuestras familias y resultó que casi éramos parientes, ya que mi tío abuelo crio a su mamá. Menos mal que no fuimos familia (porque tuvimos un hijo). Nuestras mamás eran compañeras de curso y amigas de la infancia. El mundo es un pañuelo. © Macka Oyarzo Arriagada / Facebook
  • En un viaje, estando en un albergue en Estambul, conocí a un grupo de mexicanos que estaban en las mismas que yo. Unos 5 meses después, alquilé un departamento por un par de semanas en Londres, e imagina mi sorpresa cuando vi en el departamento debajo del mío a aquellos mismos mexicanos. © Quique Yo / Facebook
  • Estaba con mi hermana en el subterráneo cuando me hizo notar que un hombre me estaba mirando. Ella recordaba a un compañero mío de la secundaria que era igual a él. Al mirarnos, ambos nos reconocimos. No creíamos en tal coincidencia. Lo increíble es que los dos fuimos juntos a la escuela en Argentina, y hacía casi 20 años que ambos habíamos dejado el país. El mismo tiempo que no nos veíamos. Él vive en China y yo, en Bélgica. Por cierto, ambos coincidimos en un subterráneo en París. © Paola Daniela Conti / Facebook
  • Un día fui al centro de la ciudad de México en metro. Mi esposo estaba trabajando y lo enviaron del trabajo al centro. Y también se fue en metro. Lo raro es que coincidimos en el mismo vagón.
    © Guadalupe Arvizu / Facebook
  • Una vez, de viaje en Tailandia, una persona con barba me resultó familiar. El resto de mi grupo me dijo que les había hablado en español, así que me acerqué a él y le pregunté: “Torsten, ¿eres tú?”. Resultó que era él, un profesor que tuve en Alemania en el 91. Nos alegramos de vernos en un sitio tan lejano para los dos, así que tomamos un té e intercambiamos correos electrónicos para seguir en contacto. © Antonio Santiago / Facebook
  • Soy de Paraná, Argentina. En 2017 hice un viaje con mi hermana a Inglaterra, Escocia e Irlanda, donde se nos sumó mi primo. Veníamos paseando por la calle Oxford cuando vi a un niño precioso en su carriola, y me resultó tan familiar su cara y la del padre también. ¡Eran mis vecinos de al lado! Fue muy gracioso. Mi papá me había comentado que andaban por Europa y que le habían dejado las llaves por si acaso. Me dijo que la esposa estaba comprando en la tienda de al lado y fui a buscarla. Tampoco podía creerlo. Y como unos tontos, a ninguno se le ocurrió tomar una foto. Lo gracioso fue que yo había estado todo el día hablando por mensaje con una amiga que vive en Kensington y no podíamos coincidir. © Vane Cangeri / Facebook
  • Soy de Chile y viajé a España; fui a conocer Toledo. Me senté en una banca y vi un paquete con recuerdos que alguien había olvidado. Decidí esperar a ver si llegaban sus dueños, y resultó que eran chilenos, que vivían en mi misma comuna y a la vuelta de la esquina. © Yael Cespedes Salazar / Facebook

¿Cuál ha sido el mejor momento que has vivido gracias a las coincidencias?

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