Ahora lo vi todo
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21 Despistados que le deben agradecer a su cuello el no perder la cabeza

Aunque el cerebro humano sea la máquina más poderosa en el planeta, no está a salvo de uno que otro cortocircuito que haga que nos olvidemos de las llaves o para qué fuimos a la cocina. Y si esto te resulta común y hace que te frustres contigo mismo, te hará feliz saber que, navegando por internet, hay historias incluso más descabelladas, del tipo que hace que te des un golpe en la frente o te rías por la pena ajena.

  • Un día me encontré a un vecino mayor en el elevador. Nos pusimos a platicar y él apretó el botón de nuestro piso, él vivía enfrente. Cuando se abrió la puerta del ascensor, me despedí e intenté meter la llave para abrir, pero me di cuenta de que la cerradura no era la misma. Así que volteé y vi al señor en las mismas. En eso abrió la puerta una señora mayor y el señor no sabía dónde meterse de la vergüenza. Le pidió disculpas y volvimos al elevador. El señor, en lugar de marcar el piso 3, había puesto el 4. Y me dijo: “Es que me pasa muy seguido”. Yo entré a la casa y caí en el piso de la risa. © Ana Anita / Facebook
  • En cierta ocasión salí a comprar a la tienda más cercana un blanqueador, pero no había, así que tuve que ir un poco más lejos. Llegué a la otra tienda y lo compré, pero cuando estaba llegando a mi casa, me di cuenta de que lo había olvidado y regresé. Como iba hablando por teléfono, me distraje y entré a otra tienda a reclamar el blanqueador. Qué vergüenza. © Claudia Arias Guapacha / Facebook
  • Una mañana me levanté, fui a la cocina, llené mi jarrito de café y lo calenté en el microondas. Si nunca han tomado refresco caliente, no lo hagan. ¡Es asqueroso! Todavía no sé cuándo abrí el refrigerador, llené el jarrito y volví a guardar esa botella cerrada. © Graciela Gorini / Facebook
  • Una vez busqué desesperada mi celular por toda la casa. Incluso debajo de la cama y los sofás. Me di cuenta cuando vi que estaba buscándolo con la linterna del celular que tenía en la mano. © Silvia Plaza Sanz / Facebook
  • Una mañana me levanté para ir a trabajar como de costumbre. Ese día se me hizo un poco tarde y levanté a mis hijos de prisa porque siempre los llevaba a la escuela antes de trabajar. Salimos corriendo como locos y cuando llegamos a la escuela, sorpresa: estaba vacía. No había ni un alma alrededor, resulta que era día feriado. © Teresa Garcia / Facebook
  • Salí de bañarme y le pregunté a mi esposa qué pasaba con el jabón, porque olía raro. Ella me preguntó: “¿Qué jabón?”. Y yo: “Uno azul”. Me dijo: “Ah, es el del perro, tus hijas lo bañaron en el baño”. © Julio César Carrillo Lopez / Facebook
  • Una vez mi esposa y yo fuimos al cine a una plaza comercial grande. Cuando salimos no encontrábamos el auto y yo aseguraba que ahí lo habíamos dejado. Llamamos a seguridad y lo encontraron en un lugar similar, pero en otro piso. Fue vergonzoso. © Israel Rubalcava / Facebook
  • Hoy invité a mi amiga a almorzar para celebrar su cumpleaños. Fuimos a un restaurante nuevo y más caro de lo normal. Por mi insistencia comimos mucho y hasta pedimos postre. Al llegar la cuenta, busqué mi cartera y no la encontré. La noche anterior la había sacado para revisar algo y no la había vuelto a guardar. Mi amiga, la cumpleañera, pagó la cuenta. Mañana le repongo el gasto. © Rosalba Gordon / Facebook
  • Mi padre fue a comprar un pollo en su bicicleta y regresó a pie. Después no encontraba su bici y la reportó robada, hasta la publicó en Facebook. Otro día fue a comprar pollo otra vez y la vio en el local. Preguntó quién la había llevado y el encargado le dijo que alguien la había olvidado ahí. © Silvia Valdez / Facebook
  • Un día se me hizo tarde para llevar a mi hija a la escuela. Faltaban unos minutos para que tocaran la chicharra. Nos fuimos corriendo y llegamos un minuto antes, le di un beso y entró a la escuela. Entonces ella se volteó y me dijo: “Mamá, ¿dónde está mi mochila?”. Se nos había olvidado, tuve que regresar por ella. © Ernes Gutierrez / Facebook
  • Un día me recosté para descansar después del almuerzo y me quedé dormida. Cuando desperté estaba toda asustada, pensé que se me había hecho tarde para ir a trabajar. Me puse la ropa del trabajo y salí, miré el cielo y lo veía todo raro, pues el sol estaba del otro lado. Regresé a la casa y vi la hora, eran las cinco de la tarde y yo pensaba que estaba amaneciendo. © Mery Villabona / Facebook
  • Cuando mis hijas eran chicas, las llevaba a la escuela en auto y me iba a trabajar. Muchas veces pasé de largo directamente a mi trabajo sin darme cuenta de que seguían en el asiento de atrás, porque eran muy silenciosas. © Maria Vanrock / Facebook
  • Una vez mi mamá se subió a un carro parecido al de mi papá. Se dio cuenta después de que vio la parte del volante y la guantera. Se bajó superasustada, y mi papá estaba en su carro llamándola y haciendo ruido con el claxon. Y mi papá hace unos años trabajaba en una fábrica de muebles que quedaba muy cerca, así que casi nunca se iba en su camioneta. Un día se la llevó y cuando regresó a casa, lo hizo a pie. No se dio cuenta hasta que mi mamá le preguntó por la camioneta. Tuvo que volver a traerla rápidamente. © Claudia Alejandra Guerrero Valdivia / Facebook
  • Me fui a mi trabajo sin cambiarme las chanclas por los zapatos. Solo me di cuenta cuando entré a mi oficina. Eran unas chanclas viejas y sucias. Avergonzada, le pedí a mi supervisora que me dejara salir para ir a comprar un par de zapatos. © Eunice Hernandez / Facebook
  • Cuando estaba en la playa, entré a la casa equivocada pensando que era en la que me estaba quedando. Todas eran iguales y una al lado de la otra, sin número ni marcas. © John Wick Cubano Reloaded / Facebook
  • A los 15 años trabajaba en una zapatería. Llegó una familia y compraron un par de zapatos para su hija, pero por error les puse unos equivocados. Después de que se fueron, me fijé, pero no dije nada asumiendo que al darse cuenta iban a regresar. A los 15 minutos fui a comprar tortillas para el almuerzo y los reconocí, estaban comiendo en un local cerca de ahí. Les dije: “Hola, creo que me equivoqué y les di los zapatos incorrectos”. Revisaron la caja y les dije que pasaran a la zapatería para cambiarlos. Mi jefa solo dijo que tenía que tener más cuidado la próxima vez. © Delfa de Marquez / Facebook

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