Ahora lo vi todo
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14 Historias que prueban que los viajes con situaciones inoportunas son más divertidos de recordar

Hay personalidades extrovertidas e introvertidas, sin embargo, todas confluyen en un mismo lugar: los medios de transporte. Es aquí donde las personas comparten ciertos períodos de tiempo y donde, de manera inevitable, uno puede cruzarse con viajeros que parecen de otra especie que no fallan en grabarse en la memoria.

En Ahora lo vi todo notamos que hay personas con el poder de convertir un viaje común en historias para la posteridad.

  • Una noche me acerqué a un taxi. El conductor me advirtió que el asiento estaba roto y tendría que viajar sin apoyarme en el respaldo (el respaldo simplemente yacía en posición horizontal). Pero dijo un precio 2 veces más bajo. En pocas palabras, viajé acostada, relajando mi columna vertebral cansada, disfrutándolo, ¡y era 2 veces más barato! ¡Los taxis con asientos para recostarse deben ponerse en circulación! ¡Fue genial! © Aleksandra Miyamoto / Facebook
  • Era temprano en la mañana, el autobús estaba abarrotado. En uno de los asientos había una madre joven con un hijo de unos 5 años que se movía y giraba todo el camino. Cansada de apaciguarlo, ella dijo: “Siéntate quieto o no te dejaré dormir conmigo por la noche”. Y recibió una respuesta brillante: “Pues tampoco iré a dormir contigo, tu trasero es frío”. El autobús entero estalló en carcajadas y la madre salió volando como una bala en la parada más cercana. ¡Pequeño, todavía te recuerdo! © Irina Ragulina / Facebook
  • Estaba en el autobús y entró volando un insecto, uno enorme, una especie de escarabajo. Saltó por aquí, saltó por allá, imposible seguirlo con la mirada. Y terminó en mi cabeza. Yo, sin histeria, por supuesto, me lo quité, pero fue horroroso. El bicho desapareció, y luego lo vi en el asiento de al lado. No muy lejos de mí estaba sentado un chico que tomó al escarabajo tranquilamente y lo tiró en la siguiente parada. Y se volvió a sentar con aire de “qué cansado estoy de todos ustedes, déjenme dormir”. © Oreneta / Pikabu
  • Se suponía que yo debía volar de San Francisco a Los Ángeles, pero accidentalmente me subí a un avión que iba a Dallas. Me quedé dormido, que es algo que nunca hago, y no me desperté hasta que aterrizamos. Fue una experiencia muy extraña, tanto para mí como para los encargados de llevarme de regreso a Los Ángeles. © caducus / Reddit
  • París, el metro. De repente, un hombre mal vestido y de pelo gris entró al vagón. Se quitó respetuosamente el sombrero raído y anunció en francés: “Señoras y señores, quiero regalarles una canción”. La gente se miró con escepticismo. Pero su voz era clara y realmente magnífica. Llenó el vagón y silenció al instante incluso a los bebés que lloraban. La gente que había empezado a levantarse, preparándose para bajar en la siguiente estación, se hundió de nuevo en sus asientos como si estuviera hipnotizada. Al terminar, el cantante inclinó la cabeza y dijo en voz baja: “Gracias”. Nadie aplaudió, todo el mundo estaba muy sorprendido. Y en cuanto se abrió la puerta, el hombre salió a la plataforma. Era 1988, pero cierro los ojos y aún puedo oírlo cantar. © Kathryn Berck / Quora
  • En nuestra ciudad hace tiempo que en un autobús trabaja de checadora una anciana. Siempre escucha música con auriculares y, como un rapero, agita las manos con los ojos cerrados. Cuando intuye que el autobús se acerca a la parada, se quita los auriculares, grita el nombre de la estación, dice “¡Bajen, tortuguitas!”, y luego vuelve a disfrutar de la música. © Oídoporahí / Ideer
  • Mi amigo y yo teníamos que viajar solo una estación de metro. Bajamos, nos subimos a un tren parado y comenzamos a revisar nuestros teléfonos. Después de 3 o 4 minutos se escuchó: “Precaución, las puertas se están cerrando”. Dije: “Es nuestra parada”. Salimos corriendo del vagón, las puertas se cerraron y el tren partió. Después de 5 segundos, nos dimos cuenta de que el tren había estado parado todo ese tiempo. Lo más probable es que todo el vagón se haya desternillado de la risa. © SuperDK / Pikabu

“Por favor no toque la armadura.
Se oxida fácil.
Gracias”

  • Un día vi a un hombre en el metro, tenía una mesita plegable. De repente, desplegó la mesa. Por cierto, había gente de ambos lados. Entonces el hombre metió la mano en su mochila y empezó a sacar herramientas para trabajar el metal. Tiró un montón de pequeños anillos plateados por toda la mesa (¡en un tren en marcha!). Luego sacó una cota de malla y empezó a armarla. © Jennifer Dziura / Quora
  • Cada semana tomo dos vuelos de Río a São Paulo. Llego al aeropuerto, me detengo para pasar por los rayos-X, me quito los zapatos y la laptop, me subo... Tengo todo dispuesto en la cabeza. Ese día fui a Guarulhos, verifiqué la puerta y la hora de salida, subí al avión y me senté.
    —Señor, parece que tenemos una reserva doble de asiento, ¿puedo revisar su boleto?— preguntó la azafata.
    —Por supuesto.
    El avión despegó y decidí leer: “¡Estoy leyendo rápido!”, pensé. Encendieron la luz y pensé que íbamos a aterrizar, pero era para servir agua. Puse una película, miré 25 minutos y me dormí. Me desperté, leí diez páginas más y pensé: “Este vuelo está demasiado largo”. El vuelo salió de São Paulo a las 10:15 p. m. y se suponía que tomaría 40 minutos, pero ya eran las 12:15 a. m. Le pregunté a la chica de al lado:
    —¿No son dos horas mucho tiempo para ir a Río de Janeiro?
    —Este avión va a Maceio.
    —No, señora, yo voy a Río.
    —Pero este avión va a Maceio.
    —¡No, no puede ser! ¡Va a Río de Janeiro!— gritó el chico del asiento trasero, señalándome.
    Me levanté para hablar con la azafata:
    —¿Revisó mi boleto? Yo voy a Río de Janeiro.
    —¡Ay, por Dios!
    Cuando volví a mi asiento, todo el avión ya estaba hablando. Al aterrizar, la asistente de vuelo me informó que un avión me llevaría a Río. Llamé a mi esposa:
    —¡Hola, mi amor!
    —Por Dios, ¿dónde estás?— dijo ella aterrorizada.
    —Estoy en Maceio.
    —¿Qué?
    Como no contesté mi celular, llamó al aeropuerto y le informaron que el avión ya había aterrizado. Así que tenía dos razones para estar enojada: la estaba engañando o me había muerto. © A Culpa é do Cabral / Comedy Central Brasil / Youtube
  • Una vez, viajé en un Uber. El conductor era joven, pero extraño, conducía muy despacio, con cuidado. Comencé una conversación con él y me dijo: “Eres mi quinta clienta hoy, este es mi primer día en Uber”. Le pregunté: “¿Dónde trabajabas antes?”. Y él respondió: “Conduciendo un coche fúnebre en una empresa funeraria”. No pude resistirme: “Bueno, es más divertido trabajar aquí, puedes charlar con tus clientes”. © Svetlana Vlasova / Facebook
  • Nuestros vecinos, marido y mujer, hicieron un viaje en tren. La esposa estaba embarazada de 5 meses. En una estación, vio por la ventana que estaban vendiendo sandías y le dijo a su esposo que fuera a comprar una, que tenía antojo de comerla. Él se fue con su billetera y en pantuflas. El tren arrancó, pero el marido seguía sin aparecer. Ella estaba en pánico. Luego, varias estaciones más tarde, su esposo ingresó al compartimento con una sandía. Resultó que había perdido el tren, pero lo había alcanzado en un taxi. © Nadia Koroleva / Facebook
  • Una vez, viajaba en la litera inferior de un tren de larga distancia. Por la mañana me desperté y en mi pecho había un gato de tamaño mediano, con ojos ambarinos, negro como el carbón. Lo saludé y lo acaricié. Ronroneó y se fue. Resultó que se había escapado del transportador de mascotas de una anciana. © Katerina Trushina / Facebook
  • Había una mujer viajando en el tren detrás de nosotros. Tenía un cuervo en el hombro. Un cuervo de verdad. Se movía de hombro a hombro y luego se posó sobre la cabeza de la señora mientras ella le daba golosinas de su bolsillo. © Franklin Veaux / Quora
  • En el avión, una mujer se quejó: su almuerzo tenía una papa mala. La sobrecargo le explicó perpleja que no quedaban más almuerzos. La mujer, escandalizada, no se calmaba, por lo que llamaron a la jefa de sobrecargos. Ella miró a la señora y luego a la papa. Agarró la papa y con una voz de maestra muy bien entonada dijo: “¡Has sido una papa muy mala!”. Luego la sobrecargo volvió a poner la verdura en el plato con cuidado y le dijo a la señora escandalizada: “Ya está, señora, no creo que tenga más problemas con esta papa”. Y se fue. ¡Genial! © Fergal Dearle / Quora

¿Cuál fue el mejor viaje que has hecho hasta ahora?

Imagen de portada Fergal Dearle / Quora
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